Sabiñánigo

SabiñánigoA poco más de 50 kilómetros de Huesca y a una altitud de 780 metros se encuentra Sabiñánigo, un destino muy conocido por los apasionados de los deportes invernales como el esquí, por su proximidad a la estación de Formigal, la mayor de España para la práctica de esta disciplina, pero también a Panticosa, Candanchú y Astún. Su entorno natural es uno de los principales reclamos de la capital de la comarca de Alto Gállego.

La gran variedad de ecosistemas y paisajes se debe al emplazamiento del municipio, que abarca desde las sierras interiores y exteriores del Pirineo hasta la depresión media. Al estar situada entre el valle del río Aurín y la cuenca del curso medio del Gállego en su zona norte, y entre los valles de Basa y Guarga en la vertiente sur, la localidad ofrece un sinfín de posibilidades para los amantes de la naturaleza. Además, en Sabiñánigo (Huesca) está el ‘Pirenarium’, un parque temático ubicado en los viejos cuarteles del ejército en el que se exhiben maquetas y material informativo sobre el Pirineo y Aragón.

Otro de los atractivos de esta población oscense es su rica arquitectura religiosa y popular de la que destaca la Casa del Siglo XIX (1810-1830), conocida también como la Casa Batanero. Actualmente es la sede del Museo Ángel Orensanz y Artes del Serrablo, que cuenta con una interesante muestra etnológica. En la planta baja del inmueble se reproducen las distintas dependencias de una vivienda pirenaica con sus enseres tradicionales, mientras que en el segundo piso se pueden contemplar estancias destinadas a las labores artesanales. En el granero existe un espacio lúdico dedicado a Pedrón, el célebre diablillo del Serrablo, que fue apadrinado por don Julio Caro Baroja y Julio Gavín. Además de fotografías y materiales de uso cotidiano en el altoaragonés, el museo integra obras escultóricas vanguardistas de Orensanz.

SabiñánigoSabiñánigo también puede ser un excelente punto de partida para realizar la denominada Ruta del Serrablo, a través de las hermosas iglesias y ermitas románicas (mozárabes para algunos) enclavadas en este territorio. El itinerario recorre un total de catorce templos medievales con características singulares construidos entre los siglos X y XI y situados en la vertiente izquierda del Gállego; en su mayoría junto a la vía romana que comunicaba Huesca con el Valle de Tena. Se trata de las iglesias de San Bartolomé de Gavín, San Juan de Espierre, Otal, Basarán (trasladada a Formigal) Susín, Orós Bajo, Oliván, San Juan de Busa, Lárrede, Satué, Isún, Arto, Lasieso y Ordevés. Este periplo permitirá al viajero transitar por caminos llenos de encanto y tranquilidad, y descubrir otros monumentos, sobre todo religiosos, y piezas artísticas de incalculable valor, como los retablos de Osán y Yebra de Basa, de estilos gótico y renacentista, respectivamente.

Otra opción es acercarse al Museo de Dibujo Julio Gavín, que ofrece una panorámica del trabajo elaborado por dibujantes y otros artistas españoles a lo largo de este siglo. Está situado en el castillo bajomedieval de Larrés (siglo XV), en la localidad del mismo nombre, y dispone de catorce salas en las que se exponen 350 obras de las más de 3.000 que componen el fondo de la institución, entre viñetas, comics, ilustraciones o dibujos artísticos, algunos de ellos realizados por personalidades de la talla de Dalí, Zuloaga, Freixas, José Guerrero, Martín Chirino, Ibáñez o Mingote.

En la localidad serrablesa de Senegüé, el visitante encontrará la Torre de los Baguer, convertida hoy en un centro de interpretación de los glaciares, único en cuanto a su temática en Aragón; mientras que en la vecina Piedrafita de Jaca, a dos kilómetros de su casco urbano y a 1.380 metros de altitud, podrá descubrir Lacuniacha, un parque natural que ocupa 30 hectáreas del bosque conocido como La Pinosa, con animales, zonas de descanso, áreas de pic-nic y un quiosco-bar.